Historia
¿Qué te viene a la mente cuando escuchas la palabra "vampiro"?
Lo más probable es que pienses en dos opciones. La primera tendrá que ver con un ser parecido a una persona, pero con la piel pálida y colmillas grandes, que porta vestimentas color negro y vive en un castillo de algún lugar en Europa -Transilvania, para ser exactos.
La segunda, menos impresionante, tendrá que ver con un animalito similar a los ratones, pero con alas y que vive en frias y oscuras cuevas.
¿Pero sabias que en México tuvimos nuestra propia versión de los vampiros?
Uno de ellos fue Camazotz a quien primero veneraron los zapotecas y, posteriormente, los mayas y los aztecas. Camazotz era un dios con cuerpo de hombre, cabeza de murciélago, enormes colmillos, orejas grandes, manos con ventosas en sus palmas y dedos cortos con garras hacia arriba. Se le asociaba con la noche, la muerte y el sacrificio, aunque también poseía el don de curar cualquier enfermedad por lo cual era invocado constantemente.
Llegó a aparecer con frecuencia en codices, vasijas y estelas mayas. También, se le rendia culto en los altares de orо puro de los templos nahuas.
¡Pero espera, hay más!
También, hubo algo parecido a las vampiresas. Se les conocía como cihuatetech y eran regidas por Chiuacóatl la diosa azteca del nacimiento y la muerte, quien, junto con Quetzalcoatl crea a la humanidad moliendo huesos y mezclándolos con sangre.
Las chiuateteoh eran espíritus de mujeres que habían muerto al dar a luz y a quienes se les veneraba y admiraba, pues por la misma razón eran comparadas con los guerreros que perdían la vida en combate. Eran hermosas, aunque pálidas y delgadas, pero, a diferencia de ellos, usaban orejeras de oro, huipiles negros, naguas de colores y sus cabellos se hallaban acomodados de forma tal, que parecían cuernos.
Según la leyenda, estas criaturas cazaban viajeros o les provocaban accidentes, y enfermaban a los niños como venganza por haber muerto a causa de sus propios hijos.
Debido a lo anterior, se cree que estos seres mitológicos pudieron haber inspirado la popular leyenda de La Llorona.
Otra vampiresa prehispánica fue la tlahuelpuchi, originaria de Tlaxcala, quien, a diferencia de las cihuateteoh, no se convertía, sino que nacía así a consecuencia de una maldición.
Las tlahuelpuchis vivían como niñas normales hasta que les llegaba su primer periódo, momento cuando se manifestaba su sed de sangre.
Estas criaturas se caracterizaban por su capacidad para convertirse en animales. También, irradiaban una especie de luz al consumar su primera transformación y algunas cojeaban debido a sus constantes metamorfosis.
Solían aparecer con mayor frecuencia cuando el clima era lluvioso y frío, y su alimento principal eran los bebés de entre tres y diez meses de edad.
Algo que tenían en común con los vampiros europeos es que no les gustaba el ajo, por lo cual se usaba dicho ingrediente envuelto en una tortilla para ahuyentarlas.
También, se dice que les molestaba el metal, por lo que utilizar pedazos de metal brillante. cuchillos, agujas, tijeras o monedas y poner cualquiera de esos objetos cerca de la cama, cuna o petate de la potencial víctima, era otro método efectivo para protegerse de ellas.
¡Así que ya lo sabes! Cuando te digan que los vampiros sólo son de una forma o provienen de un lugar especifico, ya puedes desmentirlo y contar estos tres ejemplos.
¡Es hora de refrescar un poco tu memoria con esta actividad interactiva!